Por Marilú Meza
La boda de la compositora argentina Andrea Lafert fue una ceremonia inolvidable. En tres ocasiones, la también cantante, le había prometido amor y fidelidad a su prometido, Kevin Minds, en Estados Unidos, pero su deseo era declararle su amor eterno en una “Big Fat Argentinean Wedding” en su tierra natal.
El 4 de febrero de 2006 fue un día inolvidable para Andrea, pero más para Kevin, quien no sabía los detalles de la boda. Su novia solamente lo citó en el muelle del Lago de San Roque, en la ciudad de Córdoba, Argentina. En ese lugar ambos abordaron dos yates y por una hora navegaron, cada uno en el suyo, charlando a través de un radio y jurándose amor eterno.
A su llegada al muelle, la feliz joven lo esperaba luciendo un espectacular vestido de novia, que ella misma diseñó para complacer a su futuro esposo, quien quería que mostrara las piernas. Era muy corto, pero tenía olanes en la parte de atrás, muy a lo argentino, y cómodo como para bailar un tango.
Luego, una lluvia de fuegos artificiales iluminó lo alto del firmamento para darles la bienvenida. El novio fue recibido por unos 250 invitados, mientras que a la novia la esperaban sus tres hermanos, para entregarla en el altar.
El enlace nupcial, que se realizó en el Club Yatch de esa ciudad turística, fue mediante un rito budista, religión que practica la artista desde hace diez años.
La ceremonia japonesa fue oficiada por una ministra budista de Michiren Daeshonin y dio comienzo con el rito del té, en el cual una japonesa vestida con el tradicional kimono les sirvió el té siete veces. Después, la ministra los declaró marido y mujer por las tres existencias: pasado, presente y futuro.
“Nosotros estamos casados por toda la eternidad y nuestros espíritus se volverán a reencontrar siempre en otras vidas cuando volvamos a nacer”, comentó la cantante, quien acaba de lanzar su nuevo álbum llamado “Novena Conciencia”.
La “Big Fat Argentinean Wedding”
Como Andrea quería tener su “Big Fat Argentinean Wedding” al lado de su familia y amigos echó la casa por la ventana y sus invitados disfrutaron de una variedad inmensa de platillos. Para comenzar, se sirvieron bocadillos que consistían en cóctel de camarones, caviar y diferentes ensaladas exóticas. Hubo platillos de pescado, pollo y salmón con champiñones. Como postre se sirvió una copa helada con clericó que consiste en ensalada de frutas al champán.
El pastel, decorado con rosas color crema y melón, fue al gusto de la novia y era una combinación de chocolate negro bañado con chocolate blanco, relleno de frutas y crema chantillí.
Toda la noche hubo barra libre en la cual se sirvieron todo tipo de bebidas, incluyendo una chopera de cerveza típica argentina
Uno de los momentos más memorables fue cuando la novia dio un pequeño espectáculo, donde le cantó a su ya esposo “How do I live without you”. Además, interpretó “A dónde va el amor”, tema compuesto por ella e inspirado en su propia historia de amor.
La fiesta se inició a las 9:00 de la noche, con música de tango, y culminó a las 7:30 de la mañana, con una ronda de pizza y empanadas caseras típicas argentinas, para darles ánimo a los invitados.
“Bailamos toda la noche. Fue una noche muy linda para mí y la disfruté al máximo. No hubo nada mejor que compartir ese momento con amigos y mi familia”, comentó la novia de 27 años.
Pero ésta no fue la única vez que Andrea Lafert le dio el sí a Kevin, un ingeniero aeroespacial, matemático y físico de 40 años, que adora la navegación y el alpinismo.
La primera vez fue el 24 de junio de 2005 a 12 mil pies de altura sobre el nivel del mar. Para ser más precisos, en la cima de una de las montañas de “Cotton Wood Lake” en California. En ese lugar y teniendo como testigos el cielo, las nubes, la naturaleza y todo el universo, ambos intercambiaron sus votos de amor eterno.
Dos semanas más tarde se volvieron a jurar fidelidad, pero esta vez lo hicieron legalmente en el tribunal de Malibú, California y ante la sola presencia del padre del novio y la madre de la novia.
El 4 de octubre del mismo año volvieron a decir sus votos matrimoniales en un rito budista durante una celebración en la casa de la pareja en Pacific Palisades, California.
Esa celebración se realizó alrededor de la piscina con unos 120 invitados. Como escenario tuvo el atardecer californiano y el océano Pacífico. En esta ocasión el novio le cantó L.O.V.E., de Nat King Cole, y cada uno de sus invitado depositó una vela flotante en la alberca, formulando en silencio un deseo para los recién casados.
Como los novios tuvieron dos bodas, también tuvieron dos lunas de miel. La primera fue en la “Marathon Island” en Florida, donde disfrutaron de la playa y el mar por diez días, y la segunda duró dos meses. Durante ese periodo los recién casados recorrieron Argentina y la costa del Océano Atlántico.
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